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Bosch llegó al emplazamiento de la tumba sin ver una sola indicación de sendero señalizado. Estaba decepcionado. Esta falta de hallazgos topaba con la teoría que había perfilado para Rachel Walling. Sin embargo, Bosch estaba convencido de haber acertado y se negaba a creer que no había camino. Pensó que era posible que las marcas hubieran sido destruidas por la horda de investigadores y técnicos que habían acudido al bosque el día anterior.

Negándose a rendirse, regresó al terraplén y miró el emplazamiento de la tumba. Trató de poner su mente en la posición en la que estaba Waits. Él nunca había estado antes allí, sin embargo, enseguida eligió una dirección hacia donde ir mientras todos los demás observaban.

«¿Cómo lo hizo?»

Bosch se quedó inmóvil, pensando y mirando al bosque en la dirección de la tumba. No se movió durante cinco minutos. Después de eso tenía la respuesta.

A media distancia de la línea de visión hacia la tumba había un alto eucalipto. Se dividía a ras de suelo y dos troncos plenamente maduros se alzaban al menos quince metros a través de las copas de otros árboles. En la partición, a unos tres metros del suelo, una rama caída se había atascado horizontalmente entre los troncos. La formación del tronco partido y la rama creaban una «A» invertida que era claramente reconocible y que podía percibirse rápidamente por alguien que mirara al bosque buscando exactamente eso.

Bosch se dirigió hacia el eucalipto, convencido de que tenía la primera señal que había visto Waits. Cuando alcanzó la posición, miró una vez más en dirección a la sepultura. Inspeccionó cuidadosamente con la mirada hasta que detectó una anomalía que era obvia y única en términos de las inmediaciones. Caminó hacia ella.

Era un roble californiano joven. Lo que lo hacía distinguible desde cierta distancia era que había perdido su equilibrio natural. Había perdido la simetría porque faltaba una de las ramas inferiores. Bosch se acercó y miró el afloramiento quebrado del tronco donde debía de haber estado una rama de diez centímetros de grosor. Tras agarrarse de una rama inferior para trepar al árbol y examinar la rotura más de cerca, descubrió que no era una fractura natural. El afloramiento mostraba un corte suave en la mitad superior de la rama. Alguien la había serrado en ese punto y luego había tirado de ella para romperla. Bosch no era especialista en botánica, pero pensaba que el corte y la rotura parecían recientes. La madera interna expuesta era de color claro y no había indicación de regeneración o de reparación natural.

Bosch saltó al suelo y miró a su alrededor en los arbustos. La rama caída no estaba a la vista. Se la habían llevado para que no se avistara y causara sospecha. Para él era una prueba más de que habían dejado un camino de Hansel y Gretel para que Waits lo siguiera.

Se volvió y miró en la dirección de la explanada final. Estaba a menos de veinte metros de la tumba y localizó fácilmente la que creía que era la última señal. En lo alto del roble que hacía sombra sobre la tumba había un nido que parecía el hogar de un ave de grandes dimensiones, un búho o un halcón.

Caminó hasta la explanada y levantó la mirada. La banda elástica para el pelo que según Waits marcaba el lugar había sido retirada por el equipo forense. Mirando hacia más arriba, Bosch no veía el nido desde justo debajo. Olivas lo había planeado bien. Había usado tres señales reconocibles sólo desde cierta distancia. Nada que pudiera atraer una segunda mirada de aquellos que seguían a Waits, y aun así tres señales que podían conducirle fácilmente hasta la tumba.

Al bajar la mirada a la fosa abierta a sus pies, recordó que había percibido una alteración del suelo el día anterior. Lo había achacado a animales que hurgaban la tierra. Ahora creía que la alteración había sido dejada por la primera excavación para comprobar el emplazamiento de la fosa. Olivas había estado allí antes que ninguno de ellos. Había salido a marcar el sendero y a confirmar la tumba. O bien le habían contado dónde encontrarla o le había llevado allí el verdadero asesino.

Bosch llevaba varios segundos mirando la tumba y entendiendo el sentido del escenario antes de darse cuenta de que estaba oyendo voces. Al menos dos hombres conversaban, y las voces se estaban aproximando. Bosch oyó movimiento entre los arbustos, el sonido de pasos pesados en el barro y en el lecho de hojas caídas. Llegaban de la misma dirección por la que había llegado Bosch.

Harry recorrió con rapidez el pequeño descampado y se colocó detrás del gran tronco de roble. Esperó y enseguida se dio cuenta de que los hombres habían llegado al mismo claro del bosque.

– Aquí mismo -dijo la primera voz-. Estuvo aquí mismo trece años.

– No, mierda. Es aterrador.

Bosch no se atrevía a asomarse por el tronco y arriesgarse a exponerse. No importaba quién fuera -medios, polis o incluso turistas-, no quería que lo vieran allí.

Los dos hombres se quedaron en la explanada y conversaron de manera intrascendente durante unos momentos. Por fortuna, ninguno se acercó al tronco del roble y a la posición de Bosch. Finalmente, Bosch oyó que la primera voz decía:

– Bueno, terminemos y salgamos de aquí.

Los hombres se alejaron siguiendo la misma dirección por la que habían venido. Bosch se asomó por detrás del árbol y atisbo a ambos justo antes de que desaparecieran entre los arbustos. Vio a Osani y al otro hombre que suponía que también era de la UIT. Después de darles cierta ventaja, Bosch salió de detrás del tronco y cruzó el descampado. Ocupó una posición a cubierto de un viejo eucalipto y observó a los hombres de la UIT regresando al lugar que el deslizamiento de barro había cortado a pico.

Osani y su compañero hicieron tanto ruido caminando por los arbustos que para Bosch fue fácil elegir el rumbo hacia el terraplén. Protegido por el ruido llegó al eucalipto que constituía la primera señal para Waits y observó a los dos hombres cuando éstos se disponían a tomar medidas desde abajo hasta lo alto del terraplén. Bosch vio ahora una escalera colocada de manera muy similar a como lo había estado la del día anterior. Se dio cuenta de que los dos hombres estaban puliendo el informe oficial. Estaban tomando medidas que o bien se habían olvidado o se habían considerado innecesarias el día anterior. A la luz de la hecatombe política causada, todo era necesario.

Osani subió por la escalera mientras su compañero permanecía abajo. Sacó una cinta métrica de su cinturón y soltó una longitud considerable, pasando el extremo a su compañero. Tomaron medidas con Osani gritando las longitudes y su compañero anotándolas en una libreta. A Bosch le dio la impresión de que estaban midiendo diversas distancias desde el sitio en el suelo donde él había estado el día anterior a las posiciones en las que habían estado Waits, Olivas y Rider. Bosch no tenía ni idea de la importancia que tales medidas tendrían para la investigación.

El teléfono de Bosch empezó a vibrar en su bolsillo y él rápidamente lo sacó y lo apagó. Al apagarse la pantalla vio que el número de entrada tenía un prefijo 485, lo cual significaba Parker Center.

Al cabo de unos segundos, Bosch oyó sonar un teléfono móvil en el descampado donde Osani y el otro hombre estaban trabajando. Bosch se asomó por detrás del árbol y vio que Osani sacaba un teléfono de su cinturón. Escuchó y luego echó un vistazo por el bosque haciendo un giro de 360 grados. Bosch volvió a esconderse.

– No, teniente -dijo Osani-, no lo vemos. El coche está en el aparcamiento, pero no lo vemos. No vemos a nadie aquí.

Osani escuchó un rato más y dijo que sí varias veces antes de cerrar el teléfono y volver a guardárselo en el cinturón. Continuó con la cinta métrica y al cabo de aproximadamente un minuto los dos hombres de la UIT ya tenían lo que necesitaban.

El compañero de Osani subió por la escalera y ambos hombres tiraron de ella hasta el terraplén. Fue en ese momento cuando Osani se fijó en la cuerda atada en torno al tronco del roble blanco en el borde del terraplén. Dejó la escalera en el suelo y se acercó al árbol. Sacó la cuerda de alrededor del tronco y empezó a enrollarla. Miró al bosque al hacerlo y Bosch se ocultó detrás de uno de los dos troncos del eucalipto.