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DÍA 24

09.12 Me despierto con una resaca de caballo, pero satisfecho con la decisión que he tomado. Desayuno churros con whisky. Temperatura, 22 grados centígrados; humedad relativa, 69 por ciento; nubosidad abundante con mala visibilidad en la costa; estado de la mar, marejadilla con olas inferiores a un metro. Tiempo perfecto para mis planes.

09.30 Salgo de mi piso. Bajo la escalera con paso firme. Si la escalera se mueve, no es culpa mía. Encuentro a la portera tendiendo la colada en los cables del ascensor. Le digo que quiero hablar con ella de un asunto personal. ¿Me permite pasar a su habitáculo?

09.31 La portera me conduce a su habitáculo, sito en el subsuelo del edificio. Me lo muestra y me cuenta que en verano la vivienda es un horno y en invierno, una nevera. Como no tiene cocina, ha de freír los arenques en la estufa de butano, dice. Luego la humareda le impide ver la tele. No tiene cuarto de baño, dice. Por fortuna, las tuberías del edificio pasan por su dormitorio y aprovecha los reventones para ducharse. Pero todo esto, añade, ¿a mí qué más me da?

09.47 Le respondo que he decidido ausentarme de la ciudad y, con tal motivo, regalarle a ella (la portera) mi piso. Le hago entrega de la escritura notarial y de las llaves. La portera me confiesa que siempre ha sabido que yo era un verdadero señor y no como otros , que aparentan y aparentan, pero a la hora de la verdad, nada de nada. Para sellar nuestra amistad echamos sendos tragos de la botella de whisky que traigo conmigo.

10.00 Me persono en el piso del presidente de la comunidad de propietarios. Pese a la importancia de su cargo, me recibe en pijama. Le informo que es mi intención hacerle provisión de fondos para que haga reemplazar la porquería de ascensor que tenemos por otro nuevo, pintar la escalera, restaurar la escalera, restaurar la fachada, cambiar las tuberías, arreglar el interfono, tapar las grietas de la azotea, instalar una antena parabólica y alfombrar la entrada. A cambio de todo esto, agrego, sólo pido ser recordado con cariño, pues me dispongo a emprender un largo viaje. El presidente me dice que si todos los vecinos fueran como yo, no haría falta tanto socialismo y tanta jodienda. Echamos un trago de whisky.

10.20 Me persono en el piso de mi vecina. Me abre ella misma. Me dice que en este preciso instante se disponía a salir, que si no me importa volver más tarde. Le respondo que no habrá más tarde, pues yo también estoy a punto de marchar, y por tiempo indefinido. ¿Me permite pasar? Será sólo un minuto. Accede con cierta reserva, porque a estas alturas ya debo apestar a whisky una cosa mala.

10.30 Con la máxima circunspección digo a mi vecina que he tenido el atrevimiento de informarme respecto de su situación personal, tanto en el terreno afectivo como en el económico. Que en ambos terrenos la situación puede calificarse de desastrosa. Añado que en el terreno afectivo no puedo ofrecerle nada, pues por no tener, no tengo ni tiempo. En cuanto al terreno económico…

10.35 Carraspeo. Me animo dándole unos tientos al whisky. Prosigo.

10.36… en cuanto al terreno económico, digo, y puesto que soy soltero, hacendado y dadivoso de natural, he decidido, si a ella no le molesta, depositar en un banco (suizo) una suma de dinero suficiente para sufragar los estudios de su hijo, hoy aquí y, llegado el día, en la Harvard School of Business Administratios. Por lo que a ella respecta, añado con un hilo de voz, le ruego se sirva aceptar, como recuerdo de nuestra breve vecindad, este modesto collar de esmeraldas.

10.39 Hago entrega del collar a mi vecina, me acabo la botella de whisky, salgo precipitadamente del piso de mi vecina, me caigo rodando por las escaleras.

12.00 Voy caminando desde la estación del metro hasta la nave. Cuando llego se me cae el alma a los pies. La hiedra obstruye las escotillas, en varios lugares ha saltado el esmalte, alguien ha arrancado de la puerta la imagen del Sagrado Corazón. Así no puedo presentarme en mi planeta.

12.02 En el pueblo compro un estropajo, Vim Limpiahogar y un par de guantes de goma. Regreso a la nave y dale que te pego.

13.30 Entro en la nave. Aparte algunas humedades, el interior no parece haber sufrido desperfectos serios. Reviso los manómetros, el combustible. Todo normal. Me siento frente al tablero de mandos. Acciono la palanca de encendido. Ron… ron… ron…

13.45 Ron… ron… ron…

14.00 Ron… ron… ron…

14.20 ¡RRRROOOOOONNNNN!

14.21 Hosti, qué susto.

14.22 Apago el motor. Regreso al pueblo a proveerme de vituallas.

15.00 Cargo en la nave lo necesario para amenizar la travesía: pasta de dientes, novedades editoriales, una bicicleta, un resumen cifrado del asunto del metro de Montjuich y poca cosa más.

16.00 Cuando ya tengo la bodega repleta de mercancías descubro que está invadida de cucarachas. ¿Qué hacer? Puedo proveerme de aerosoles de Cucal, pero una vez reconvertido en intelecto puro, ¿con qué apretaré el pitorro?

16.20 Después de varios intentos, logro establecer contacto con la Estación de Enlace AF, en la constelación de Antares. Les informo de que doy por concluida la misión en la Tierra y me dispongo a regresar aprovechando el mal estado atmosférico (óptimo para la navegación). Asimismo les informo de que regreso solo, porque mi compañero de expedición, de nombre Gurb, ha desaparecido en acto de servicio. Eludo decir la verdad para evitarles un disgusto a sus ancianos padres.

16.30 La Estación de Enlace AF, en la constelación de Antares, me pide que repita el mensaje. Al parecer, la recepción es dificultosa.

16.40 Repito el mensaje. Los de la Estación de Enlace AF, en la constelación de Antares, me dicen que en realidad habían recibido el mensaje bien la primera vez, y que me lo han hecho repetir porque les hace gracia que se me haya pegado el acento catalán.

17.00 Me persono en el bar de la señora Mercedes y el señor Joaquín. La señora Mercedes, detrás de la barra, como si tal cosa. El señor Joaquín, jugando al dominó con tres parroquianos de su misma quinta. Efusiones, tortilla de berenjena, cervecita. Les digo que vengo a despedirme. Regreso a mi tierra. ¿Lo ves, Joaquín? Ya te lo decía yo, que el señor no era de aquí. Les doy el regalo que les he comprado: una casita y once acres de tierra en Florida, para que vayan a descansar. Hombre, no hacía falta que se molestase. Le habrá costado un pico. Calle, calle, señora Mercedes; usted se merece esto y más. Adiós, adiós. Envíenos una postal.

19.00 Todo listo para el despegue. Compuertas cerradas. Empiezo la cuenta atrás. 100, 99, 98, 97.

19.01 Un ruido a mis espaldas. ¿Las malditas cucarachas? Voy a ver.

19.02 ¡Gurb! ¿Qué demonios haces tú aquí? ¡Y con estos tacones de un palmo! ¿Tú te crees que ésta es forma de viajar por el espacio (o el tiempo)? Gurb me muestra un mensaje cifrado en la pantalla del cuadro de transmisiones.

19.05 Descifro el mensaje. Es de la Junta Suprema. En vista del éxito de nuestra misión en la Tierra (por el que se nos felicita), debemos variar el rumbo y dirigirnos, con idéntica finalidad, al planeta BWR 143, que gira (como un idiota) alrededor de Alfa Centauro. Una vez allí, deberemos adoptar, igual que hemos hecho aquí, la forma de los habitantes del planeta. Tienen cuarenta y nueve patas, de las cuales, sólo dos le llegan al suelo; también tienen un ojo, seis orejas, ocho narices y once dientecitos. Se alimentan de limo y de unas orugas peludas que atrapan con los tentáculos anteroposteriores.

19.07 De los mohines de Gurb deduzco que la misión que nos ha sido encomendada no le llena de merecido orgullo. Antes de que pueda exteriorizar su falta de entusiasmo de algún modo que requiera la adopción (por mi parte) de medidas disciplinarias, le hago varios razonamientos que podríamos agrupar en tres (o menos) categorías, a saber: a) que las autoridades competentes siempre saben lo que nos conviene mejor que nosotros mismos; b) que frecuentar otros ambientes y conocer otras culturas siempre resulta formativo, y c) que el que paga siempre manda. A título personal añado que, en su caso particular, el cambio le sentará de miedo, porque últimamente se ha vuelto un rato gili y que ya es hora de que deje de ser joven, guapa, rica y fresca y se convierta en un gusano asqueroso, a lo que responde Gurb diciendo que no sabe qué admirar más, si mi clarividencia o lo bien que me explico.

19.50 Despegue de la nave efectuado sin dificultad a la hora prevista (983674856739 horas del astrolabio cósmico). Velocidad de despegue: 0.12 de la escala convencional (restringida). Ángulo de incidencia con respecto al perihelio, 54 grados. Duración prevista de la travesía: 784 años. Destino: ALFA CENTAURO.

19.55 Gurb y yo salimos de detrás del cartel del MOPU, un poco chamuscados por el rebufo de las turbinas. Vemos perderse la nave entre las nubes. Hemos de apresurarnos si no queremos que se nos ponga a llover antes de llegar al metro.

20.00 Gurb expresa la opinión (a mi juicio equivocada) de que soy un imbécil. Si no me hubiera gastado la última peseta en hacer regalos a todo quisque para fardar, dice, ahora podríamos llamar un taxi y ahorrarnos la caminata. Añade que él con la falda de tubo anda fatal. En el futuro, agrega, de los asuntos del dinero se ocupará él. Antes de que pueda recordarle que aunque estemos fuera de la nave (y de la ley) sigo siendo su superior jerárquico, pasa un coche por nuestro lado, Gurb hace señas y el coche se detiene. Gurb se arremanga la falda y corre hacia el coche. Sin atender mis órdenes imperiosas, sube al coche. El coche arranca.

02.00 Sin noticias de Gurb.