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Gottfried A. Bürger

Las Aventuras Del Barón De Münchhausen

Las Aventuras Del Barón De Münchhausen pic_1.jpg

Con prólogo de Théophile Gautier

Título original: Wunderbare Reisen zu Wasser und zu Lande, Feldzuge und lustige Abenteuer des Freiherrn von Münchhausen (1786)

NOTA DEL EDITOR

La presente edición del Münchhausen se basa en la publicada por la Imprenta de Luis Tasso y Serra (Barcelona, 1884), revisada y adaptada a las normas actuales de ortografía. Incluimos también el prólogo que Théophile Gautier escribió para la edición francesa de 1853.

INTRODUCCIÓN

El barón de Münchhausen: realidad y ficción.

A veces, conviene recordar que en este mundo nuestro, que a menudo quisiéramos más ordenado y apenas si conseguimos que sea más ordinario, el hombre continúa siendo la medida de todas las cosas por más que, de unos milenios a esta parte, se emperré miserablemente en ser tan sólo la medida de todas las cosas pequeñas.

Precisamente, para recordar que no hay que confundir la medida con la medianía, que el sentido común acostumbra ser el más vulgar de los sentidos o, simplemente, que la imaginación no es la loca de la casa, sino la cuerda con la que interpretamos una realidad a menudo tan sorda como sórdida, bien podría servirnos el topar de entendederas con estas Aventuras del barón de Münchhausen, obra que cuenta, entre sus muchas virtudes, la de hallarse carente de «pequeñeces» y, por tanto, de esa deformidad del espíritu que suele engendrarse en el prolongado contacto con ellas: la mezquindad.

Por lo demás, LAS AVENTURAS DEL BARÓN DE MÜNCHHAUSEN suele ser el título bajo el que se presentan algunas de las narraciones de los notables hechos de guerra y caza que dieron en acontecerle a tan ilustre barón, así como algunos otros sucesos y pormenores de los que fue testigo fidedigno a lo largo de sus numerosos y arriesgados viajes.

Conviene apresurarse a decir que el barón fue un «personaje» que existió realmente (o, por lo menos, todo lo realmente que pueden existir los hombres), y que estas narraciones escritas debieron de basarse (aunque remotamente) en aquellas otras que el barón Karl Friedrich Hyeronimus von Münchhausen relatara a sus amigos y allegados, en circunstancias similares a las que se describen en la obra que aquí se publica, es decir, en tertulia a la luz del hogar y en el calor de un buen vino.

El barón descendía de una de las más antiguas familias de la nobleza de la Baja Sajonia, cuyo fundador, Heino, recibió en 1212 el feudo de la casa Sparenberg de manos de Federico II. Sus hijos fundaron, a su vez, las dos líneas familiares denominadas «blanca» y «negra». A la primera de ellas pertenecía nuestro barón de Münchhausen. Nacido en Bodenwerder (Hannover) el 11 de mayo de 1720, mandó como coronel un regimiento de húsares rojos durante la guerra de Rusia contra Turquía (1740-41), y sirvió a las órdenes del conde Burkhard Christoph von Münnich, mariscal de campo del zar Iván.

Al terminar la campaña y tras algunos viajes y un matrimonio poco afortunado, el barón de Münchhausen acabó por establecerse de nuevo en Hannover, donde moriría el 22 de febrero de 1797.

Como es de suponer, poco o nada de las narraciones escritas que han utilizado su nombre se debe a la iniciativa del barón, quien, tanto por afición como por linaje, debió de ser poco amigo de frecuentar más que lo inevitable a la mendaz ralea de los escribanos. Prueba de ello es que, al conocer que algunas de sus historias andaban en coplas y envueltas en legajos, pusiese punto final a sus habituales tertulias.

Las primeras versiones. Rudolf Erich Raspe.

Sin embargo, el vulgo acusó buen recibo de la oportunidad que se le ofrecía de hacer burla y chacota a expensas de un hombre ilustre y, a base de arrastrarlas de boca en boca y de morro a hocico, acabó por transformar las inocentes y un poco exageradas historias del barón en una mofa de la nobleza para regodeo del populacho; finalmente, algún espíritu codicioso acabó por intuir la ganancia de algunas monedas con tal de poner por escrito, y con cierto tino, lo que parecían «historias tan populares». Así, en 1785, se publicó en Oxford, y de forma anónima, un libro que, bajo el título de Baron Münchhausen´s narrative of his maravellous Travels and Campaigns in Russia (Historia de los maravillosos viajes y de las campañas de Rusia del barón de Münchhausen), recogía ya algunas de las historias atribuidas al barón. Poco más tarde se supo que el autor de esta edición era un tal Rudolf Erich Raspe, un anticuario y mineralogista alemán de vida un tanto escabrosa y chalanera. De él se sabe que nació en Hannover en 1737 y que murió -se ignora si cristianamente- en Mucross (Irlanda), en 1794. Había estudiado en las universidades de Gotinga y Leipzig y desempeñado (aunque tenía más afición a empeñar) el cargo de escribiente en la biblioteca de Gotinga y el de secretario en la de Hannover (1764), ambas fundadas por otro Münchhausen, el barón Gerlach Adolf (Berlín, 1688-1770), primer ministro de Hannover (1765) y creador de la Sociedad Científica de Gotinga. Posteriormente, pasó a ser profesor y bibliotecario de la universidad de Basilea, un puesto bien remunerado que tuvo que abandonar a causa de ciertas «indelicadezas profesionales» como cuidador del museo de numismática del landgrave de Hessen-Kassel (se le acusó de defraudación y estafa) y en vista de una situación tan poco favorable, optó por emigrar, un tanto apresuradamente, a Inglaterra.

Por aquel entonces, Raspe había publicado ya su Specimen historiae naturalis globi terraquei, praecipue de novis e mari nati insulis (Basilea, 1763) y algunas otras cosillas que, si bien no le proporcionaron el dinero suficiente para ir trampeando sus infinitas deudas, le dieron, por lo menos, una cierta fama como vulcanólogo y como conocedor de la poesía ossiánica. Gracias a ello, pudo ir sacando adelante algunos trabajos científicos (An account of some german volcanoes and their productions, Londres, 1776; Essay of oilpainting, Londres, 1781; A descriptive catalogue of a general collection of ancient and modern engraved men, cameos as well as intaglios, Londres, 1791) y preparar una edición de las obras completas de Leibniz que nunca llegó a completarse; todo ello habría de facilitarle el ingreso (se desconoce si por méritos propios) en la Royal Society, de la que también acabaron por expulsarle al tener noticias de su «accidentada vida académica» en Alemania. Con todo, su edición inglesa de las aventuras del barón conoció mejor fortuna, y en muy poco tiempo -a pesar de su humor un tanto grosero, o tal vez gracias a él- se publicaron numerosas reediciones, cada una de ellas con menor parecido a la anterior.

Hoy día, es más que discutible que la paternidad del Münchhausen pertenezca a Raspe (lo que se creía firmemente desde 1824), ya que hacia 1781, cuatro años antes de la edición inglesa, un tal August Mylius había publicado en Alemania un Vade Mecum für lustige Leute, que ya incluía historias atribuidas al barón (aunque precavidamente, ya que el verdadero Münchhausen seguía vivo y demasiado cerca). El mérito de Raspe consistió en traducir al inglés estas historias, añadir algún refrito de otras fuentes y dorar el conjunto al gusto de un paladar sajón (a ello se debe la simpatía que el barón demuestra hacia los británicos durante el episodio de la defensa de Gibraltar).

El resultado nos presentaba a un barón de Münchhausen fanfarrón, borrachín y bullanguero, que se entretenía tomando el pelo al prójimo, a base de andar de bufonada en bufonada, esto es, las andanzas de un rufián de noble cuna.